jueves, 2 de febrero de 2017

Emilia... si es que alguien la recuerda

“No hay que prometer nada porque 
las promesas son horribles ataduras, 
y cuando uno se siente amarrado tiende 
a liberarse, eso es fatal.”

M. Benedetti

Emilia, como siempre, se encontraba viendo el reflejo de las nubes en el agua, sin darse cuenta de lo que se agolpaba sobre su cabeza. 
Esta parte de su vida empieza en el reflejo de los ojos de ese gran amigo que descubrió tarde pero que suerte haberlo conocido... no sólo por el cariño, no sólo por la confianza, sino por la verdad que le dijo su mirada, misma verdad que él no se atrevió a decirle a su amiga con palabras. No hizo falta. 
Me contó que lo siguiente que recuerda es un aeropuerto, Emilia siempre se está yendo a alguna parte, siempre vagando, siempre lista para levantar el campamento y seguir. Así son los corazones pájaro. La diferencia es que en ese entonces no iba sola como de costumbre o al menos eso pensó cuando se subió al avión con una promesa, que digo promesa... un trato de caballeros. Se fue, por primera vez, creyendo, más que nunca creyendo.
Los Cabos... qué más se puede decir... me contó que llegó el huracán y se llevó todo, también la promesa... ni qué decir del trato de caballeros. De todas formas Emilia sabía que no había posibilidad de tener el corazón más roto. Se equivocó.
Emilia no se dio cuenta que habría gente que le tocaría el alma y después la traicionaría. Tampoco supo entender la causa de estas personas en su vida, pero como tampoco tenía fuerzas para averiguarlo, bajo la guardia y se dejó romper. 
Emilia de pronto perdió lo que más quería, lo único que realmente le importaba. A Emilia se le murió algo por dentro. Desde entonces, ella dice que hace como que le interesa, como que ríe, como que es feliz, como que se entrega, como que quiere, pero la realidad es que a veces se quiere morir. Yo pienso que es lamentable.
Emilia pensaba que lo único que verdaderamente le salía bien era trabajar. Era su lugar seguro, hasta que ya no lo fue, creo que la sobrepasó la realidad. 
Emilia siente que ha perdido todo otra vez, yo diría que no es para tanto, pero es su vivencia. Seguro se irá de nuevo, porque no está dispuesta a bancarse las cosas tal y como son.

Emilia debería de madurar.





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