A veces, y sólo a veces me gusta viajar en colectivo. Cuando va casi vacío, al mejor estilo de un domingo en la mañana temprano. Me puedo sentar en la ventana con la plena confianza de que todos están en sus casas durmiendo, crudeando o haciendo cualquier otra cosa que no sea estar en la calle. La ciudad así se disfruta más, y a veces quisiera que se quedara así, que nadie despertara y yo tan sólo pudiera viajar hacia cualquier lugar por horas, en silencio, sola, pensando cualquier cosa, viendo por la ventana las cosas que no pasan porque no hay nadie, repasando meticulosamente cualquier tema que se me ocurra, sin tener que dar explicaciones de por qué no me conecto a las conversaciones o por qué le doy tantas vueltas a las minúsculas y mayúsculas obsesiones que salen de mi cabeza.
Tampoco es el hilo negro, pero quién diría, es un placer culposo que descubrí casi por accidente, es como entrar en trance, pero bien. Algún día tomaré un colectivo muy muy temprano y seguiré toda la ruta.
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