jueves, 19 de febrero de 2026

XLV

Aunque hoy cumplas

quinientos cuarenta meses

la matusalénica edad no se te nota cuando

en el instante que vencen los crueles

entrás a averiguar la alegría del mundo

cuando volás gaviotamente sobre las fobias

o desarbolás los nudosos rencores.
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
           y estés linda...

Mario Benedetti.

Antes escribía en cuadernos. En 2018 en un ataque de locura los tiré todos. Quizá porque en ese momento me sentía muy superada, en un lugar diferente y leía cuentos, historias, crónicas de una mujer rota, nostálgica y loca que pensé que podía dejar de ser y, hasta con cierto despreció trituré mi pasado, dejando sólo lo mínimo indispensable para que algún día, en caso de emergencia, recordar quien fui. 

Hay poco o nulo registro de todo lo que he escrito a lo largo de mi vida. Años antes de la destrucción, intenté echar a volar este blog en un deseo desesperado por volver a verme desde mis letras, pero no prosperó. El estrés de la vida adulta, los compromisos, la pereza y principalmente la falta de inspiración y disciplina, me llevaron a abandonar la escritura, de nuevo.

Lo retomo hoy, a unos días de cumplir 45 años. Mucho ha pasado desde 2017 que fue mi última entrada. Las entradas anteriores a mi último post, la vida que no era mía, definitivamente representó un préstamo de aventura, amor, osadía, audacia, primeras veces, duelos profundos, prolongados e intensos de cielo, mar y tierra. Una época que preparó el terreno para la vida que tengo hoy, que tampoco es mía.

Continuar la vida sin mi padre fue lo que más marcó esa época. Desde el 2015, adaptarme a la orfandad, a la ausencia, fue como vivir con escaras hasta que en una suerte de magia cicatrizaron con el ungüento del tiempo y la inevitabilidad. Y es que sí, el ser humano se adapta a la muerte, aprende a vivir con ella, camina con ella, pero nunca la supera. Al menos yo, nunca he olvidado a nadie, muerto o vivo, pero esto último es harina de otro costal. En definitiva mis muertos me acompañan todo el tiempo. Me hablan mientras viajo sola, me dan luz cuando no veo nada, me cantan al oído, me visitan en mis sueños más retorcidos, me conectan con el universo, me piden oración, me dan mensajes y hasta me regañan.

En mi camino a ser vista y aceptada, a buscarme, encontrarme y de nuevo perderme, a perdonar, soltar y redimirme cada vez, he logrado hilvanar una serie de vivencias y experiencias tan peculiares que con suerte esta vez pueda escribir un libro. 

Contra todos los pronósticos propios y ajenos me casé en 2018, como es de suponerse, fue una historia de amor rara, de esas que sólo pasan en las películas. Un acto romántico, atrevido, heroico y digo yo, hasta un poco suicida. En unos días no sólo cumplo 45 años, también 8 años de compartir la vida con este personaje protagónico en mi existencia, que unas veces es redentor y otras el villano de la historia. Un enlace kármico de quién sabe cuántos kalpas. Un dragón de alma vieja con miles de vidas antes de llegar a la mía. Un ser que me vio y me aceptó sin preguntas ni pretextos, que agarró viaje desde el primerísimo momento en que me vio, en la intersección de Cabildo y Juramento. Alguien que me puede edificar o destruir tan intensamente y que la grandeza de su lealtad sólo se parece a la mía. Con él construí una tribu íntima, territorial, una aleación. El único juramento que le hice es que me haría responsable de mi propia felicidad. 

Engendramos 2 hijos y hemos tenido 2 perros que han sido más familia que la familia. Una unión que ratificó el porqué no antes, porqué no con alguien más. Sin caer en cursilerías estereotipadas, diré que es el otro carbón (carbón y cabrón) con el que a base de calor y presión, hemos logrado revolucionar tanto nuestra humanidad, que a veces obtenemos diamantes y a veces, mierda pura... o pura mierda. La vida de la pareja ideal, para mi. Imperfecta.

Ya para cuando me casé, ser madre no estaba en mis planes prioritarios y sin entrar en demasiados detalles la conclusión fue que sí los tendría, con él y de él. Por eso, cuando decidimos quedarnos con 2 hijos, para mi fue claro que pasara lo que pasara jamás tendría hijos con nadie más. Cada maternidad es distinta, pero es igualmente retadora para todas la mujeres por más anhelo o instinto maternal que haya habido. Me enamoré de mis hijos en el dolor, en la incomodidad, en el desvelo, en la transformación de mi cuerpo y en la depresión post parto. Soy totalmente de ellos, aunque ellos no sean míos, si ese amor no es un milagro, no sé qué lo sea. Vivo siendo la madre de un par de individuos retadores, temperamentales, inteligentes, amorosos y protectores. Ostento la maternidad como un desafío y el proyecto más importante de esta existencia, con orgullo, pero también con una renuncia voluntaria, en donde no hay sacrificios, sólo decisiones. Hacer de ellos seres pensantes, íntegros, valientes y con la capacidad de ser responsables de su propia felicidad, es mi máxima responsabilidad y anhelo. Me equivoco siempre y acierto siempre.

En 2013 me convertí al budismo. Tengo una manera imperfecta de vivir la fe, pero soy creyente y practicante, mis hijos son budistas. A veces me convierto en un ser impopular, especialmente cuando sale al tema que Dios no existe. No es que yo ande por la vida anunciándolo, pero si estás lo suficientemente cerca de mi, eventualmente te enterarás. Lo que más me gusta del budismo es la seriedad con la que se toma la dignidad de la vida. No hay víctimas, ni castigos, ni premios. Hay causas, hay efectos, hay sentido común, ciencia, espíritu de búsqueda, revolución humana y una responsabilidad absoluta sobre tu vida y tu porvenir. Debo confesar que no tan en el fondo me causa un poco de gracia el ámpula que levanta en algunas personas el terror de no poder arrepentirse en el último minuto para ir al cielo, o la posibilidad de que su vida no dependa de una divinidad o cualquier entidad fuera de sí mismo para obtener redención. Curiosamente hasta a algunos de los más piadosos, el andamio se les tambalea. Lo cierto es que en algún momento de mi vida dejé de preocuparme por la existencia de Dios y empecé a ocuparme de mi en su totalidad. Punto para mi y un problema menos para Dios. De igual manera, es retador ser budista y criar budistas en un entorno mayoritariamente cristiano, especialmente por el taboo que representa no serlo y decirlo abiertamente en la mayoría de los contextos.

Los últimos 3 años han sido extremadamente difíciles en todos los ámbitos. He tenido que extraer muchísima sabiduría, fortaleza, energía vital para corregir y ajustar algunos aspectos de mi vida. Estar incómoda en mi piel y mis circunstancias y a la vez surgir como una flor de loto cada vez. Me siento orgullosa de lo que he logrado, sé que nunca seré producto terminado, eso me quita presión y me llena de esperanza. 

45 años, de verdad quería llegar como la viva imagen de la belleza y el fitness. Lo cierto es que hasta hace unos meses no podía mover ni las pestañas con tantas cosas sucediendo y sobrepasándome a mi alrededor. He dado todo para estar de la mejor manera posible desde el amor propio para mi y los míos. He rebasado mis límites, mis prejuicios, fuera de mi zona de confort y me he equivocado tanto, que he aprendido y crecido en proporción. Gente ha llegado o regresado a mi vida como aire fresco, a sumar, a querer fuerte y la gratitud que siento es inmensa. También ha habido quien ha salido corriendo por la puerta de mi vida y está bien. Me veo y me acepto con toda mi complejidad, intensidad, irreductibilidad y capacidad de ser para mi y para los demás. No hay necesidad de que nadie me tolere, de que comulguen con mi forma de pensar o vivir, ni de quererme a huevo, pero tampoco acepto ni me sirve quedito, blandito o tibiecito. No me debe nadie nada, ni le debo nada a nadie. 

Este no es un post de auto superación, de la misma manera que una pipa, no es una pipa. Es sólo un recorrido basado en hechos reales, algunos nombres, hechos y lugares fueron adaptados u omitidos para evitar que el lector muera de realidad. 

45 años... humeando como pipa de crack.

Feliz Cumpleaños a mi.

Pd. No hay nada más cuarentón que blogspot. ¡Ja!


  




















No hay comentarios:

Publicar un comentario